martes, 3 de mayo de 2011

Estadio del propio ser

De la compañía la mirada se desvía
el sentir tajante de la lejanía
la tarde carmesí de la ironía
ha de ser turbio el negro pensamiento
que conjura las frías aguas del discernimiento
de tez sangrante en lo alto de la torre
alma vacía que en ocasiones corre
por campos elíseos, y vastas lagunas
que esconde el origen del tintineante sentir
del delirio, de la agonía, de la constante mirada vacía…
Necias las voces que con asiduidad torturan
son los fantasmas que en la oscuridad perduran
¡lamias austeras!, ¡su falsedad impera!
por encima de sus mascaras provenientes de lo profundo
de las mismísimas forjas del inframundo
y ni hablar del Nosferatu moderno
cuya procedencia pareciese ser el noveno círculo infernal
aquel hielo eterno en la oscuridad total…
No ha de haber miedo al destierro
incauto sería el yacer sumido en la eterna letanía
aquella absurda pleitesía hacia una figura de fantasía
ni mucho menos aquella ilusoria y temporal compañía…
No obstante… pese a la obra de la mórbida percepción
los grises matices, y el delicado trazo incoloro en la cronología, no son sino voluntad del voluntario
aquel que facultativo se dispone
a ser lienzo del artesano arcano
aquel impaciente que habita en su inconsciente…
Y no ha de ser desgracia o causa de agonía
pues el propio estar suele ser la mejor compañía
ha de ser siempre concomitante
el propio ser, nuestro eterno acompañante…

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