De la compañía la mirada se
desvía
el sentir tajante de la
lejanía
la tarde carmesí de la
ironía
ha de ser turbio el negro
pensamiento
que conjura las frías aguas
del discernimiento
de tez sangrante en lo alto
de la torre
alma vacía que en ocasiones
corre
por campos elíseos, y vastas
lagunas
que esconde el origen del
tintineante sentir
del delirio, de la agonía,
de la constante mirada vacía…
Necias las voces que con
asiduidad torturan
son los fantasmas que en la
oscuridad perduran
¡lamias austeras!, ¡su
falsedad impera!
por encima de sus mascaras
provenientes de lo profundo
de las mismísimas forjas del
inframundo
y ni hablar del Nosferatu
moderno
cuya procedencia pareciese
ser el noveno círculo infernal
aquel hielo eterno en la
oscuridad total…
No ha de haber miedo al
destierro
incauto sería el yacer
sumido en la eterna letanía
aquella absurda pleitesía
hacia una figura de fantasía
ni mucho menos aquella
ilusoria y temporal compañía…
No obstante… pese a la obra
de la mórbida percepción
los grises matices, y el
delicado trazo incoloro en la cronología, no son sino voluntad del voluntario
aquel que facultativo se
dispone
a ser lienzo del artesano
arcano
aquel impaciente que habita
en su inconsciente…
Y no ha de ser desgracia o
causa de agonía
pues el propio estar suele
ser la mejor compañía
ha de ser siempre
concomitante
el propio ser, nuestro
eterno acompañante…
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