viernes, 17 de febrero de 2012

A la sombra de la Parca

Mil años de la impiadosa marca negra… la marca… la marca del olvido cada vez más inmerso en la espesura de la niebla, difuminándose en el vacio… el vacio de aquel torso desgarrado por los años bajo la mirada de la Parca que vigilaba sus pasos y que no lo deja sentir la suavidad de los pétalos de rosa ni percibir la calidez de una mirada… Es largo el camino tras esos mil años, mas no así el recorrido. Es sin embargo tempestuoso y caótico. Dibujado con la sangre de vidas pasadas, entonado al son de los lamentos al aire… 
¿Y qué si ha de caer?... ¿Qué más da?... En la caída ha encontrado ya un aliado, un amigo, un compañero de copas en la taberna de las paradojas, en donde las contradicciones del corazón y la mente se entrelazan y son entonadas por los trovadores, que acorde tras acorde describen lo intangible del sentimiento en el vacio…
- ¡Vete ya Parca maldita!... ¡Que a tu sombra he dejado de ver la luz! – Gritaba al borde de la colina, con la esperanza de ahuyentar los fantasmas del pasado y a su mentor - ¡Deja ya de encriptar mis lagrimas!... ¡Deja ya de interponer tus frías manos entre el sentimiento y el razonamiento!... ¡Deja de carcomer mis entrañas con tus palabras!... ¡Deja que por fin pueda sentir la brisa a mi alrededor! – continuaba gritando en el silencio de la colina, en los aposentos de su conciencia, en el templo de su pensamiento…

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